Sigmund Freud: El Explorador del Inconsciente
| Fecha y Lugar | 1856 – 1939 | Príbor (Imperio austríaco) – Londres, Reino Unido |
| Corriente filosófica | Psicoanálisis / Filosofía de la Sospecha |
| Su Némesis | Los racionalistas radicales (los que creían que el ser humano es un ser puramente lógico que controla el 100% de sus decisiones) |
El Salseo Histórico
Freud era un médico neurólogo obsesivo, adicto al trabajo y al tabaco (se fumaba hasta 20 puros al día, lo que le acabó provocando un cáncer de mandíbula terrible), que revolucionó el mundo desde su diván en Viena. Su gran excentricidad era que no miraba a la cara a sus pacientes mientras hablaban; se sentaba detrás de ellos para que no se sintieran juzgados y soltaran todos sus secretos. En una época victoriana ultraconservadora donde el sexo era el mayor tabú imaginable, Freud escandalizó a toda la alta sociedad europea al afirmar que la mayoría de nuestros traumas, fobias y problemas mentales nacían precisamente de la represión de nuestros instintos sexuales desde la más tierna infancia. Fue perseguido por los nazis, quienes quemaron sus libros en Berlín, a lo que Freud respondió con tremenda ironía: «¡Cuánto ha avanzado el mundo! En la Edad Media me habrían quemado a mí; hoy en día se conforman con quemar mis libros».
Sus 3 Ideas Bomba
Por qué sigue importando hoy
Freud, junto a Marx y Nietzsche, es considerado uno de los tres «Filósofos de la Sospecha» porque nos enseñó a desconfiar de las intenciones humanas. Sigue importando hoy porque nos bajó los humos como especie: demostró que no somos los dueños absolutos de nuestra propia casa mental. En un siglo XXI obsesionado con la salud mental, el autoconocimiento y el bienestar emocional, las ideas de Freud nos recuerdan que para sanar no basta con cambiar nuestras conductas superficiales; hay que tener la valentía de bajar al sótano de nuestro propio inconsciente, encender la luz y hacer las paces con los monstruos y traumas que tenemos guardados ahí abajo.