El dilema de Gotham: ¿Por qué Batman nunca acaba con el Joker?
Si has visto las películas o leído los cómics de Batman, seguro que te has desesperado más de una vez. El Joker escapa de Arkham, siembra el caos en la ciudad, hiere a inocentes, Batman lo atrapa… y lo vuelve a encerrar. El Joker se escapa de nuevo y el ciclo se repite. Si Batman sabe perfectamente que el Joker va a volver a matar a cientos de personas, ¿por qué no rompe su regla sagrada y acaba con él de una vez por todas? ¿Sería justo matarlo para salvar a toda la ciudad?
Este escenario de superhéroes plantea de forma perfecta el choque entre las dos teorías éticas más importantes de la historia moderna: el Utilitarismo y la Deontología (o ética del deber).
En 1º de Bachillerato, este debate es fundamental para entender cómo decidimos lo que está bien y lo que está mal. Vamos a destriparlo para que lo defiendas como un profesional en tus próximos exámenes.
Team Stuart Mill: El fin justifica los medios (Utilitarismo)
Los utilitaristas, liderados por filósofos como John Stuart Mill, tienen una visión muy práctica de la moral. Para ellos, las intenciones con las que haces las cosas no importan tanto; lo verdaderamente relevante son las consecuencias de tus actos.
La regla de oro del utilitarismo es muy sencilla: una acción es moralmente buena si produce la mayor felicidad para el mayor número posible de personas. Si una decisión reduce el sufrimiento general del grupo, entonces es la decisión correcta.
Si sentaras a John Stuart Mill en el salón de tu casa y le pusieras una película de Batman, te diría claramente que el héroe de Gotham se equivoca. Desde un punto de vista utilitarista, la vida del Joker vale menos que la suma de las miles de vidas inocentes que va a destruir en el futuro. Sacrificar a uno para salvar a la mayoría es, matemáticamente, lo correcto.
Team Kant: Las reglas no se rompen por nadie (Deontología)
En la esquina contraria está Immanuel Kant, el filósofo del deber absoluto. Kant defiende una ética deontológica, lo que significa que el valor de una acción no depende del resultado final, sino de la acción en sí misma. Hay cosas que están mal y punto, independientemente de lo que pase después.
Para Kant, los seres humanos tenemos una dignidad absoluta y nunca podemos ser utilizados como un simple «medio» o herramienta para conseguir un fin, aunque ese fin sea salvar al mundo. Matar es intrínsecamente malo. Si justificamos que es aceptable matar a alguien «por una buena causa», estamos destruyendo la base de la moral.
Batman es, en el fondo, un kantiano puro. Él no mata al Joker porque se rige por lo que Kant llamaba el Imperativo Categórico: una norma moral que te obliga a actuar de tal manera que desearías que tu comportamiento se convirtiera en una ley universal para todo el mundo. Si Batman decidiera quién vive y quién muere basándose en cálculos de consecuencias, se convertiría exactamente en lo mismo que intenta combatir.
Chuleta para el examen: ¿En qué se diferencian?
Cuando te toque comparar a estos dos autores en tu examen de Ética, organiza tu respuesta utilizando estos tres puntos de contraste clave:
¿Con cuál te quedas tú?
El debate entre Kant y Stuart Mill no se queda en los cómics. Lo vemos cada vez que los gobiernos discuten si es justo espiar los teléfonos de los ciudadanos para prevenir delitos o si es ético experimentar con ciertos avances médicos para salvar vidas en el futuro. ¿Pesas las consecuencias en una balanza o defiendes que hay derechos que jamás se deberían pisotear?
Entender estas dos posturas durante el verano te va a dar una soltura brutal para resolver cualquier dilema moral que te propongan en el instituto. Quédate por Bellasofía si quieres seguir entrenando tu mente para dominar el curso sin complicaciones.