El experimento mental: ¿Qué harías si mañana desaparecieran las leyes?
Imagínate que esta noche el Gobierno anuncia que durante las próximas 24 horas no hay leyes, ni policía, ni juzgados, ni consecuencias de ningún tipo. Es la premisa de la famosa película La Purga. ¿Qué crees que pasaría en tu barrio? ¿La gente saldría a la calle a saquear tiendas y pelearse por la supervivencia, o los vecinos se organizarían pacíficamente para ayudarse mutuamente y cuidar a los más débiles?
Este debate no es nuevo. Los filósofos de la política llevan siglos intentando responder a una pregunta clave: ¿Cómo éramos los seres humanos antes de que existieran los países, los reyes y las leyes? A ese momento hipotético lo llaman el Estado de Naturaleza.
En 1º de Bachillerato vas a estudiar a los dos autores que respondieron a esto de formas completamente opuestas. Sus teorías cambiaron la forma de diseñar las democracias modernas.
Thomas Hobbes: «El hombre es un lobo para el hombre»
Hobbes tenía una visión bastante oscura y pesimista de la humanidad. Para él, si elimináramos el Estado y las leyes, los seres humanos nos volveríamos completamente salvajes.
En su obra Leviatán, explica que en el estado de naturaleza somos todos iguales, pero también somos egoístas por definición. Queremos los mismos recursos y, como no hay nadie que ponga orden, la vida se convierte en una «guerra de todos contra todos». No habría industria, ni arte, ni ciencia, porque tendríamos demasiado miedo a que el vecino viniera a robarnos o a matarnos mientras dormimos.
Para Hobbes, el ser humano es malo (o egoísta) por naturaleza. ¿La solución? El Contrato Social. Los ciudadanos, muertos de miedo, deciden firmar un pacto invisible donde le entregan todo el poder a un gobernante supremo (el Estado o Leviatán) a cambio de una sola cosa: seguridad.
Jean-Jacques Rousseau: El buen salvaje corrompido por la sociedad
En la otra esquina tenemos a Rousseau, el optimista del grupo. Su teoría es exactamente la contraria: «El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe».
Rousseau defendía que en el estado de naturaleza original, el ser humano (al que llamaba el Buen Salvaje) vivía feliz, libre, sano y en paz con el entorno. No había guerras porque no había ambición.
¿Cuándo se torció todo? El día en que a alguien se le ocurrió ponerle vallas a un trozo de tierra y decir: «Esto es mío». En el momento en que nació la propiedad privada, nacieron las envidias, las desigualdades, los celos y el egoísmo. El Estado y las leyes actuales, según Rousseau, no se crearon para protegernos a todos, sino para proteger las riquezas de los que más tienen.
Para Rousseau, el contrato social no debe ser un pacto de miedo para obedecer a un dictador, sino un acuerdo donde todos los ciudadanos participen por igual creando leyes que busquen el bien común (la Voluntad General).
Los conceptos técnicos para asegurar el aprobado
Cuando redactes tus apuntes o respondas preguntas de examen sobre Filosofía Política, utiliza estas palabras clave para demostrar que dominas el tema:
Un debate que se vive en las redes sociales
Aunque estas teorías tengan siglos de antigüedad, las sigues viendo en marcha cada día. Cada vez que alguien justifica el control estricto de internet para evitar el acoso está pensando como Hobbes. Cada vez que alguien defiende que la educación actual destruye la creatividad natural de los niños está pensando como Rousseau.
Aprovechar las semanas de verano para asentar estos contrastes te va a permitir empezar el curso con una claridad mental brutal. En Bellasofía seguimos puliendo los mejores contenidos para que cuando empiece septiembre, la Filosofía sea la asignatura que te suba la media del expediente.